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Sergio MoriloUn archivo personal
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Edición 006 · Enviada el 15 oct 2026

Un pequeño zoológico corporativo

Con humor podemos reconocer comportamientos que desgastan la convivencia. Lo incómodo es admitir que nosotros también formamos parte del paisaje.

Una mano gira un tarjetero con ilustraciones de animales junto a un teléfono, sobre una mesa de trabajo.
El teléfono suena hoy, pero lo que sentimos puede venir de antes. Ilustración creada con IA.

Hola,

A veces basta con ver un nombre en la pantalla para que el cuerpo conteste antes que nosotros. La persona todavía no ha dicho nada, pero ya recordamos la última urgencia, la discusión anterior o ese tono que siempre nos deja cansados.

En el artículo de esta edición decidí mirar ese desgaste con algo de humor. La oficina se convierte por unos minutos en un pequeño zoológico corporativo: aparece el león que necesita todos los reflectores, la suricata siempre en alerta, el loro que coincide con quien manda y el camaleón que cambia su cordialidad según el interlocutor.

El riesgo, claro, es recorrer la lista poniendo nombres ajenos. La parte útil empieza cuando recordamos que nosotros también habitamos ese zoológico.

“Porque mi nombre también aparece en la pantalla de alguien.”

01 / REÍRNOS ABRE UNA PUERTA, NO CIERRA EL CASO

El humor nos permite reconocer una escena sin entrar inmediatamente a la defensiva. Pero estos animales no son diagnósticos ni etiquetas para repartir por la oficina. Representan comportamientos que aparecen según el día, la presión o la relación. Nadie cabe entero en uno de ellos, y casi todos podemos reconocernos en más de uno.

02 / LA CONVERSACIÓN DE HOY PUEDE CARGAR LAS ANTERIORES

Una conversación difícil puede ser un episodio. Cuando se repite, la disposición empieza a desgastarse. Elegimos cada palabra, explicamos de más o evitamos una pregunta porque no queremos atravesar otra vez la misma reacción.

La historia de una relación importa, pero también puede hacernos escuchar menos. Si llegamos esperando lo peor, corremos el riesgo de responder desde una conversación anterior.

03 / YO TAMBIÉN FORMO PARTE DEL PAISAJE

Mi ejemplo más claro son los correos que escribo cuando estoy enojado. Puedo sentir que estoy siendo directo, cuando en realidad estoy trasladando al otro toda la irritación con la que empecé a escribir.

Por eso intento detenerme, volver a leer, reescribir y usar mi criterio antes de enviar. A veces también me apoyo en la IA para revisar la forma, sin renunciar al desacuerdo ni a lo que necesito pedir. No siempre puedo elegir una conversación fácil. Sí puedo cuidar mejor lo que dejo después de ella.

UNA IDEA PARA LLEVAR CONTIGO

No siempre podemos evitar una conversación difícil. Sí podemos cuidar lo que la otra persona recordará antes de responder la próxima.

Leer el artículo completo ↗

PARA SEGUIR LA CONVERSACIÓN

Si tu forma de conversar tuviera hoy un animal, ¿cuál sería? ¿Y qué te gustaría dejar después de la próxima conversación?

Puedes responder directamente a este correo. Me encantará conocer tu experiencia.

Hasta la próxima,

Sergio Morilo