La empatía es uno de ellos. Cada vez escucho más esta palabra y, al mismo tiempo, sigo viendo cómo puede utilizarse de una forma muy distinta a su sentido original.
Empatía no es pedir comprensión sin cambiar nada. Tampoco es justificar comportamientos que afectan a otros o trasladarles la responsabilidad por el malestar que nuestras decisiones producen.
Lo viví en una situación personal, lo debatí en una clase de ética y terminé escribiendo sobre aquello que llamo empatía conveniente.
La empatía deja de ser empatía cuando solo se exige al otro y no modifica ninguna de nuestras decisiones.
Hoy volví a pensar en esa idea porque sigue siendo incómodamente actual. A veces pedimos que nos comprendan cuando, en realidad, lo que buscamos es evitar una conversación difícil o las consecuencias de nuestras propias acciones.
En el artículo completo desarrollo la historia que originó esta reflexión y la diferencia entre comprender al otro y usar la empatía como una salida conveniente.
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