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Sergio MoriloUn archivo personal
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Hasta el vino tenía un itinerario

En dos líneas

Un viaje se canceló y el día quedó libre. Pero entre un texto, una copa de vino y una conversación sobre fin de año, el itinerario nunca dejó de aparecer.

Una copa de vino blanco junto a una botella de Grgich Hills Estate Chardonnay 2023 sobre la mesa del patio.
Una botella reencontrada en la cava y un almuerzo en el patio. Fotografía del autor.

Hoy tocaba Val'Quirico. La gripe lo canceló. Por primera vez en mucho tiempo, tenía un día completamente abierto, sin destino ni hora de salida.

No duró nada. Antes de que el día empezara de verdad, ya estaba armando otro itinerario: el de este texto. Uno que, sin ironía, habla justamente de eso, de no saber estar sin un plan.

Lo escribí en el patio, con una copa de Chardonnay de Grgich Hills. La botella apareció mientras reorganizaba la cava para guardar unas Angélica Zapata que traje de Argentina en un viaje de trabajo. Conocimos la bodega en un viaje a Napa y desde entonces le tengo un cariño especial a esa etiqueta. Su Merlot también me encanta. Esta botella llegó después, pero cada sorbo me devolvía algo de aquella visita.

Recuerdo que nos atendió una chica que también se apellidaba Grgich y nos contó parte de la historia de su familia. Cada trago tenía, sin que yo lo buscara, otro itinerario adentro: el de aquel viaje y el de aquella conversación mientras probábamos los vinos.

A mitad de la copa, sin planearlo, empezamos a hablar del fin de año. Habíamos pensado ir a Brasil, a estar con la familia. Terminamos decidiendo otra cosa: Argentina y Uruguay, para retomar un viaje que quedó interrumpido el año pasado, cuando tuve que atender temas de salud de mi papá y las vacaciones tuvieron que dar paso al cuidado de mi familia.

Un día que iba a ser, por fin, el día sin itinerario, terminó teniendo tres: el viaje que no hice, el del texto que escribo, y el que acabamos de decidir para diciembre.

Lo que se repite

No es la primera vez que me pasa. Aun sin ningún compromiso externo, sin nadie pidiéndomelo, la cabeza busca algo que ocupar. Un itinerario sustituye al otro, casi sin que yo lo note.

¿Por qué necesito un itinerario incluso cuando nadie lo está pidiendo? No tengo una sola respuesta. Puede ser productividad internalizada, años de trabajar en un ritmo multicountry, siempre con el próximo destino ya definido. Puede ser incomodidad con el vacío. O puede ser, simplemente, que me gusta genuinamente crear, planear, anticipar lo que viene.

Lo que el itinerario también ocupa

Un itinerario, aunque sea de un texto o de una copa de vino, sigue siendo una forma de estar ocupado. Y ocuparme es algo que sé hacer bien, quizás demasiado bien.

Me pregunto si en algún punto dejo de estar presente en la copa, en la conversación, en el patio mismo, porque ya estoy tres pasos adelante, armando el próximo plan. Aunque hablar de diciembre durante un almuerzo agradable también puede ser una forma de disfrutar el presente. No siempre sé dónde termina una cosa y empieza la otra.

Lo que no es tan pequeño

En medio de todo esto, le escribí a una amiga que se acaba de mudar a Toscana, en Italia. Le dije que vivir en otro lugar, con otra cultura, es aprender a disfrutar lo bueno y a convivir con lo que no es tan grandioso, y que son los pequeños momentos, como compartir una mesa con desconocidos, los que hacen que la adaptación valga la pena.

Y pensándolo bien, nada de lo que viví hoy fue pequeño. Ni el vino, ni el recuerdo de aquella visita a la bodega, ni la conversación sobre diciembre. Solo eran distintos de los grandes eventos que uno cree que debería estar viviendo en un gran centro.

Quizás ahí está la otra cara del itinerario: no es solo la necesidad de llenar el vacío, es también la costumbre de medir un día por lo grandioso que fue, en vez de por lo presente que estuve en él.

Val'Quirico va a esperar hasta el próximo fin de semana. Tendrá su propio itinerario. Por hoy, tuve uno para escribir, uno para beber y uno para diciembre.

No sé si algún día voy a tener un día sin ningún itinerario. Quizás no se trata de eliminarlo, sino de notar cuándo aparece, y elegirlo, en vez de dejar que aparezca solo.