
El Rutini Malbec 2022 quizá no sea el primero que acomodo en la maleta, pero es uno de los que siempre vuelvo a buscar.
Hay vinos que compramos por curiosidad, otros que elegimos para una ocasión determinada y algunos que, casi sin necesidad de pensarlo, terminan viajando con nosotros. El Rutini Malbec pertenece a este último grupo. Cuando regreso de Argentina y necesito decidir qué botellas ocuparán el limitado espacio de la maleta, normalmente compite con un favorito difícil de superar: Angélica Zapata.
Si la disputa es por prioridad, Angélica Zapata suele ganar. Pero eso no significa que el Rutini quede fuera. Tal vez viajen menos botellas o tenga que esperar a que se acomoden primero las elegidas habituales, pero casi siempre termina encontrando su lugar. Perder esa pequeña competencia no dice nada malo sobre el vino; dice mucho más sobre el vínculo que ya construí con Angélica Zapata.
Un Malbec que confirma su identidad
El 6 de junio abrí un Rutini Malbec 2022 y volví a encontrar aquello que me hace elegirlo repetidamente. En la copa presentó un color rubí profundo y brillante. En nariz aparecieron aromas intensos de frutas rojas maduras, especialmente ciruela, acompañados por un ligero toque floral y especias suaves.
En boca se mostró con cuerpo, pero al mismo tiempo amable, con taninos bien pulidos, fruta presente de principio a fin y una estructura equilibrada que condujo a un final persistente. Mi evaluación personal en Vivino fue 4,3.
Hay vinos que viajan por prioridad y otros que se ganan su lugar por consistencia.
La confianza también forma parte de la experiencia
Sin embargo, lo que más valoro en este vino no se resume en una nota de cata. Es su consistencia. El Rutini ofrece una experiencia elegante, muy bien construida y fácil de disfrutar. Es una de esas botellas que se pueden abrir con confianza porque, aunque cada cosecha tenga sus matices, existe una identidad reconocible y una sensación de calidad que permanece.
Esa confianza también explica por qué vuelve a aparecer cuando preparo la maleta. No necesita ocupar el primer lugar para demostrar su importancia. Basta saber que, cuando llegue el momento de abrirlo, ofrecerá exactamente aquello que espero: fruta presente, estructura, equilibrio y una experiencia capaz de acompañar una buena conversación sin exigir protagonismo.
Hay favoritos que se imponen por la historia afectiva que construimos con ellos. Otros permanecen porque, una botella después de otra, confirman que merecen continuar cerca. El Rutini se encuentra justamente en ese segundo grupo.
Y cuando finalmente llega a la copa, recuerda por qué valía la pena encontrarle espacio.