
Después de más de una década siguiendo esta lógica, sus beneficios se vuelven mucho más claros con el tiempo.
Hace ya muchos años, antes de concentrar mis estancias en una misma cadena hotelera, tomaba las decisiones de viaje como la mayoría de los ejecutivos: buscaba un vuelo conveniente, un hotel bien ubicado y una tarifa que cumpliera con la política de la empresa. Cada viaje era una decisión aislada. Con el tiempo entendí que estaba perdiendo una oportunidad. Cuando viajamos con frecuencia por trabajo, no solo acumulamos noches o millas; también podemos construir una estrategia que mejore la experiencia, reduzca algunos gastos personales y haga más agradables futuros viajes de descanso. Llevo más de una década siguiendo esta lógica y sus beneficios se vuelven mucho más claros con el tiempo.
La clave está en dejar de elegir cada viaje de manera independiente y comenzar a construir un pequeño ecosistema de viajes. La misma lógica puede aplicarse a aerolíneas, rentadoras de autos y tarjetas, pero la elección de una compañía aérea suele ser mucho más regional y dependiente del país de origen. En este artículo prefiero concentrarme en los hoteles, que es donde mi experiencia ha sido más consistente.
No existe el mejor programa. Existe el mejor para ti
Cuando alguien pregunta cuál es la mejor cadena hotelera, mi respuesta es la misma que daría ante muchas decisiones de gestión: depende. Depende de los países y ciudades que visitas, de la política de viajes de tu empresa, de tu presupuesto y de la oferta disponible en cada mercado.
En Brasil, por ejemplo, Accor tiene una presencia amplia y el programa ALL puede resultar práctico para quien viaja constantemente dentro del país. En México, Marriott ofrece alternativas en distintas ciudades y categorías, lo que facilita concentrar estancias dentro de un mismo programa. En Argentina la cobertura es más limitada, pero hoteles como el Marriott Buenos Aires Downtown y el Sheraton Buenos Aires Hotel & Convention Center suelen combinar consistencia, ubicación y tarifas compatibles con un viaje corporativo. En Colombia, el Four Points by Sheraton Bogota es un buen ejemplo de una categoría más accesible que puede ofrecer una experiencia superior a lo que muchos imaginan. En Estados Unidos, aunque Hilton tiene una presencia muy fuerte, Marriott todavía puede ser la mejor elección según las ciudades visitadas, las tarifas disponibles y el estatus que ya se haya construido. Por eso, antes de elegir un programa, conviene mirar el mapa real de tus viajes, no la lista de hoteles en los que te gustaría hospedarte algún día.
No mires solamente la tarifa
Muchos ejecutivos comparan únicamente el precio de la habitación. Sin embargo, el costo y el valor reales de una estancia van más allá. Según la categoría, el hotel y las condiciones vigentes, una tarifa ligeramente superior puede estar acompañada por desayuno, acceso a un lounge, bebidas y snacks durante un happy hour, un espacio tranquilo para trabajar, posibilidad de una mejor habitación o una salida más tarde.
Después de decenas de viajes al año, estos beneficios pueden representar ahorro y, sobre todo, calidad de vida. Un lounge ejecutivo, por ejemplo, no es solamente un lugar elegante para tomar café. Puede ofrecer un ambiente tranquilo para trabajar, desayunar o descansar después de una jornada intensa. A veces, los snacks de su happy hour incluso sustituyen una cena ligera. Naturalmente, los beneficios dependen del hotel, del nivel alcanzado y de las reglas vigentes del programa.
La fidelidad no significa gastar más
Hay una aclaración indispensable: nunca recomiendo elegir un hotel fuera de la política de viajes de la empresa solamente para acumular puntos. La estrategia funciona precisamente dentro de las reglas. Cuando existen dos o tres opciones semejantes, con precios equivalentes y debidamente aprobadas, tiene sentido elegir la que también fortalece una estrategia de largo plazo. No se trata de transferir al empleador el costo de una preferencia personal, sino de tomar mejor una decisión que ya era necesaria.
Con el tiempo, pequeñas elecciones coherentes pueden transformarse en noches de recompensa, mayor previsibilidad y beneficios que también ayudan en los viajes personales. Pero no se trata solamente de puntos. La mejora del estatus puede cambiar mucho la forma en que somos recibidos y atendidos en un hotel: mayor reconocimiento, atención más personalizada y, cuando existe disponibilidad, un upgrade de habitación que transforma la experiencia. Para quienes viajan con la familia, esto puede marcar la diferencia entre pagar completamente una estancia de vacaciones y utilizar parte de lo acumulado durante el año, además de disfrutar beneficios que se fueron construyendo viaje tras viaje.
Antes de empezar desde cero, investiga
Otro recurso que muchos viajeros desconocen son las campañas de status match y status challenge. Cuando decidí migrar de Hilton a Marriott, pude aprovechar una iniciativa que reconocía temporalmente el estatus que ya tenía y establecía una cantidad de noches para conservar la nueva categoría. Fue una manera inteligente de cambiar de estrategia sin perder inmediatamente beneficios construidos durante años.
Estas iniciativas no son permanentes y sus condiciones cambian, por lo que deben verificarse directamente en los canales oficiales antes de tomar cualquier decisión. Aun así, vale la pena saber que existen, pues pueden facilitar una transición cuando el programa anterior ya no acompaña los destinos más frecuentes.
Piensa a largo plazo
Los programas de fidelidad no deberían verse como una simple colección de puntos. Bien utilizados, pueden ayudar a que los viajes frecuentes sean más cómodos, previsibles y, en determinadas situaciones, más económicos. La mejor estrategia no consiste en ser fiel a una marca por costumbre; consiste en construir un ecosistema que funcione en los lugares donde realmente viajas, respetando siempre las políticas de la empresa y aprovechando con inteligencia los beneficios que cada viaje puede generar para el siguiente.
La mejor estrategia no consiste en ser fiel a una marca por costumbre; consiste en construir un ecosistema que funcione en los lugares donde realmente viajas.
Viajar por trabajo es una obligación para muchos ejecutivos. Conseguir que esas mismas decisiones mejoren también algunos viajes personales es, simplemente, una buena estrategia.